Riqueza mental: herramientas espirituales para convertir su dolor en poder

Adicción – ¿Qué es lo que realmente persigues?

Karl Marx escribió: “La religión es el opio de las masas”.

Carrie Fisher dijo: “Religiosamente tomé opiáceos en masa”.

La mayoría de las adicciones consisten en alguna forma de adicción a los opiáceos… eso, porque en general, el principal objetivo de la adicción es escapar desesperadamente del dolor. La pregunta es, ¿cómo paramos de escapar? O por lo menos, ¿cómo podemos correr en una mejor dirección?

Keren era corredora. Corría para arrancarse de su dolor, de sus pesadillas, de su familia, de ella misma. Corría tras el alivio, tras la alegría, tras el dulce escape. De día tenía un éxito inigualable en una start-up tecnológica. Pero de noche, se estaba matando. La lenta muerte de una adicción a los opiáceos. Su droga preferida era el fentanilo, también conocida como “la droga más mortal de los Estados Unidos”. Decía que era la relación más larga y comprometida de su vida; una aventura amorosa ardiente de más de dos años.

Afortunadamente, milagrosamente, algo dentro de Keren la obligó a venir a terapia. Los primeros cuatro meses, de lo único que hablaba era de su renuencia a llegar a la terapia. Y aún así, semana tras semana, llegaba. Algo la mantuvo viniendo, corriendo a terapia. Por mucho que deseara esas píldoras, había también en ella un deseo de sanación.

La adicción ha sido llamada “el mal manejo del deseo”. En la sabiduría judía, cuando queremos entender un concepto, nuestra primera parada es siempre mirar el lenguaje. (Los semitas nos tomamos nuestra semántica muy en serio). En hebreo, la palabra para deseo (o voluntad) es ratzón. Maravillosamente, ratzóncomparte su raíz con otra palabra hebrea – ratz, que significa “correr”.

Tennessee Williams dio en el blanco cuando escribió “Un tranvía llamado deseo”. El deseo es el vehículo esencial para ponernos en marcha, en movimiento. Cuando tenemos un deseo, corremos tras él. Si nos falta ese impulso primario, es probable que lo evitemos, lo saboteemos y lo posterguemos como lo hacemos con cualquier otra cosa.

En la sabiduría judía, hay dos tipos de ratzón; uno superior y otro inferior. El ratzón inferior se relaciona con nuestros deseos terrenales físicos. El ratzónsuperior trasciende a esos deseos materiales y busca ideales más altos y basados en valores.

Sócrates llamó “ascender la escalera del amor” a este proceso de alcanzar un deseo más alto. Freud lo llamó “sublimación”. La “sublimación” se basa en el nombre científico de lo que sucede cuando el agua pasa del hielo sólido directamente al vapor etéreo. Curiosamente, acceder a un ratzónsuperior se da cuando somos capaces de pasar de lo físico a lo etéreo – de soportar algún dolor mundano para alcanzar algo infinitamente más elevado – algo más sublime.

El deseo sublime de Keren era llegar a un lugar de alegría en su vida. Como todo adicto, ella (comprensiblemente) supuso que “para llegar a la alegría, sólo necesito matar mi dolor”. Pero la forma en que realmente funcionan las cosas, es que la alegría, no se logra alejándose del dolor, sino atravesándolo, pasando por él, abrazándolo y aceptándolo. El punto de inflexión llegó cuando Keren finalmente decidió entrar dentro de sí misma, para encontrarse con las verdades internas que había estado evitando tan desesperadamente. Y así, durante más de un año, minuciosamente desentrañamos sus secretos y recuerdos más insoportablemente dolorosos; todas esas cosas oscuras que había mantenido en secreto, especialmente de sí misma.

Sin duda fue tortuoso para ella. Pero eso pronto dio frutos. Al conocer su dolor, se conoció a ella misma. Decidió irse de vacaciones a Bali, concretamente para no llevar sus amadas píldoras. Esas vacaciones no eran para arrancarse a Bali, sino para encontrarse consigo misma. Y funcionó. Para su gran sorpresa, pasó un mes sin drogas. Recayó nuevamente, pero persistió en la terapia con tenacidad. Dejó las drogas una vez más, apretó los dientes, superó la incomodidad y afortunadamente, ha estado sobria y limpia desde entonces.

Keren dejó de arrancarse de sí misma (por medio de las drogas) y comenzó a correr hacia sí misma (por medio del auto-encuentro). Entenderse a sí misma es el mayor símbolo de correr en la dirección correcta.

En el encuentro con uno mismo, con lo doloroso y con todo el bagaje, es donde radica la diferencia entre salir y entrar.

Corriendo hacia afuera/Arrancar – Ratzóninferior:

Otra palabra hebrea simbólica conectada a ratzón y ratz es aretz, que significa tierra. La sabiduría judía enseña que nuestro ser terrenal está lleno de carreras hacia nuestros deseos físicos más bajos. Corremos por afuera de nosotros mismos para llenar nuestro vacío. Este tipo de carrera es tan común, que debería ser considerada un deporte olímpico. Es lo que tan a menudo ocurre y destruye nuestras vidas.

Corriendo hacia adentro/Volver a entrar – Ratzónsuperior:

El opuesto hebreo de aretz/tierra es el concepto de shamaim/cielo. Shamaim está conectado con la palabra hebrea “sham” que significa “allá”. El cielo también podría leerse como “el lugar del allá”. Se entiende que cuando estamos en un estado mental de shamaim, es como si “ya estuviéramos allá”. Llegar al cielo es cuando finalmente llegamos a una sensación de paz/completitud, una sensación de haber llegado “allá”. Ese shamaim se encuentra cuando anclamos nuestro yo más profundo; y que en realidad, siempre ha estado ahí.

Déjenme darles un ejemplo de este movimiento en mi propia vida. Soy declaradamente adicta al azúcar. Desde mi infancia alimentada con fórmula, el azúcar me ha servido como muleta y escape a la alegría. Pero esa alegría a menudo me cobra su precio en la salud, autoestima y control sobre mi vida. Es cierto que la adicción al azúcar no puede compararse con el caos y la agonía de una adicción a las drogas y el alcohol; sin embargo es una adicción… pero más importante aún, es que ha sido mi gran maestra.

Un día, uno de esos en los que estaba tratando de vencer mi hábito del azúcar, me sentí particularmente motivada por correr a comprarme unas pasas bañadas en chocolate. Era tarde y estaba inquieta, aburrida y sin rumbo. Desde ese lugar de aburrimiento inquieto, le di rienda suelta a mi ratzóninferior para correr tras los chocolates. Pero en vez de salir corriendo por la puerta, me senté y corrí hacia (adentro de) mí misma. Respiré profundo y me pregunté, a ver… ¿tras qué estoy corriendo realmente aquí?

Poco a poco me fui dando cuenta que no era chocolate lo que quería. De hecho, lo que anhelaba era la sensación que me producía comer chocolate. Esa sensación de emoción, de diversión y de ser “especial”. Me di cuenta que muchos de los recuerdos de mi infancia más felices ligados a esa emoción y sentimiento de “especialidad” estaban conectados con el azúcar. Esa vez que estábamos aburridos y apretujados en la camioneta rumbo a Baskin Robbins. O cuando salimos a celebrar mis extraordinarias notas con otro paseo en camioneta a 31 Flavors (31 Sabores). Recordé un constante fluir de recuerdos donde lo especial y el azúcar estaban profundamente entrelazados.

Mi fórmula básica de la infancia era: Sentirme especial = Azúcar.

Pero ya era hora de recomputar… porque en realidad, todo el azúcar que estaba comiendo no me hacía sentir nada especial. En realidad, me hacía sentir avergonzada, descontrolada y desesperanzada.

Y recomputé: Azúcar = Vergüenza/descontrol/desesperanza

¿Cómo podría alcanzar mis deseos de ratzón superior de lo “especial y emocionante” sin azúcar, y además, respetando y honrando mi salud? Me di cuenta que podía sentirme especial dejando la adicción y viviendo según mi más alta voluntad. De hecho, sería francamente espectacular terminar con ese hábito.

Si en ese momento tan solo lograra NO correr hacia un chocolate, eso mismo sería un acto emocionante por excelencia. Es más, me di cuenta que en realidad, lo estaba haciendo AHÍ MISMO con sólo entrar en mí, en vez de salir corriendo a la tienda de la esquina. Yo ya estaba AHÍ. Ese fue mi momento de Shamaim. Lo especial ya estaba allí, era mi presencia de ánimo de mi acción de conectarme conmigo misma.

Así que mi nueva fórmula se convirtió en: Especial = Elegir NO comer chocolate, osea vivir mi ratzónsuperior.

*

¿Cuál es tu fórmula para llegar desde Arrancar a Volver a entrar…?

Piensa en un momento en el que hayas corrido a tu ratzóninferior, algún instante en que se haya activado algo que no te convenga. Imagina ese momento. Respira en él. Ahora pregúntate ¿qué es lo que realmenteestabas persiguiendo?

Traza un mapa con esta fórmula básica de cinco pasos:

  1. 1. Primero, escribe la fórmula fallida de aretz/deseo terrenal:

“X” objetivo deseado = “Y” acto negativo (Para Keren, era: Alegría = Analgésicos/Evitar el dolor)

Ahora táchalo y escribe encima: ¡¡¡FALLIDO RATZÓNINFERIOR!!!

  1. 2. Piensa en cómo este acto negativo te impide alcanzar tu objetivo y escribe la nueva fórmula que representa esa verdad:

“Y” acto negativo = “Z” impacto negativo

(Analgésicos = Sentirse fuera de control, envenenar mi cuerpo, aislarme socialmente, etc.)

  1. 3. Crea la nueva fórmula productiva de shamaim/ratzónsuperior:

“X” objetivo deseado = Lo opuesto a “Y”

(Alegría = Abstenerse de las drogas, encontrarme a mí misma y permitir el dolor)

  1. 4. Shamaim– Fíjate como ahora mismo ya estás AHÍ, tan solo tomando el deseo más bajo y sublimándolo al correr hacia dentro de ti misma en vez de salir corriendo a distraerte.

Este giro a la sublimación nos lleva desde nuestros deseos terrenales a nuestras más sublimes metas “celestiales”. Este ejercicio de reformular tu ratzón superior puede ayudarte a filtrar los razonamientos complicados de tu voluntad inferior para acceder a tu deseo más elevado y ayudarte a alcanzar los objetivos de vida elevados, esos que realmente valen la pena perseguir.

Tu más alto ratzónestá dentro tuyo, tan solo esperando a que te conectes.

¡Corre por él!


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