Como algunas de ustedes saben, hace unos años, nuestro hijo mayor Zev, después de algún tiempo en la yeshivá en Israel, se unió como Soldado Solitario en el FDI. Después del ejército, decidió volver a América del Norte, trabajando en los EE.UU. en el Capitolio, y luego en la universidad en Toronto. Su plan a largo plazo era hacer su vida en Canadá.
Y entonces nos golpeó el COVID, y todo cambió, incluyendo la mente de Zev. En Lag BaOmer, recibimos un correo electrónico suyo diciendo que extrañaba a su familia y que había decidido hacer aliá (!!).
Estábamos fascinados, pero había que tramitar un montón de documentos y papeleo, algo nada fácil en estos tiempos en que las oficinas gubernamentales de todo el mundo estaban patas para arriba. Recién el viernes pasado llegó la verificación de antecedentes del FBI (sí, hace años le dieron un arma muy grande, pero para hacer aliá, querían asegurarse que no fuera un criminal buscado por la ley).
¿Podría ser que lográramos traerlo antes de Rosh Hashaná? De ninguna manera, mi esposo dijo que no sucedería, pero no me doy por vencida muy fácilmente. ¡Y que nadie subestime el deseo de una madre judía de estar con sus hijos!
Con mucha ayuda de muchas personas (gracias, JAFI y Nefesh B’Nefesh – ¡son lo máximo!), que entendieron lo importante que era unir a una familia judía antes de los jaguim (vacaciones), y mucha ayuda de arriba, Zev obtuvo una visa de entrada y un boleto de avión para llegar desde Toronto en Air Canada … ¡hoy!
Se nos enseña que la forma en que se comienza el año es como se termina el año. Espero haberme llenado de alabanzas a Dios el último Rosh Hashaná, haber agradecido todas mis bendiciones, pues así es como termino este año:
¡Hodu le Hashem ki tov, ki leolam jasdó! Doy gracias a Dios porque Él es bueno, porque Su bondad es eterna!
Que tengan un buen Shabes, Shabat Shalom, y Shaná Tová Umetuká – que todos merezcamos un año de gratitud y bendiciones.
